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Culturas contemporáneas de España y Latinoamérica a diario
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martes 21 de septiembre de 2021

Tras el obligado año en barbecho, La Mar de Músicas ha agotado las entradas en tiempo récord para la mayoría de sus treinta y cuatro actuaciones, las cuales han sufrido la reducción en más de un 50% sobre los aforos permitidos. Éxito en parte gracias a las ganas de encontrarse con uno de los buque insignia a nivel nacional, en lo referente a músicas del mundo, y a un elenco cada vez más popular, o al menos en boga. «15.000 personas disfrutaron del festival cartagenero en su vigesimosexta edición», según el ayuntamiento de la ciudad.

Estos son diez momentos, agradeciendo de antemano los puntos de vista de Alicia y Fina (respectivamente, nueva y veterana espectadora), Elías (fiel seguidor año tras año), Manuel (miembro voluntario del equipo de producción), Onésimo (flamencólogo) y Pilar (fotógrafa profesional). Pues ya se sabe que cualquier festival resulta tan distinto como quien lo vive y disfruta subjetivamente.

Fotografías: Pilar Morales

UNO. Especial España(s)
Ante la adversidad impuesta por la complicada situación post-pandemia, la nueva dirección de La Mar de Músicas que continua con el legado de su creador –Paquito Martín (1956-2018)–, encontró una ingeniosa solución: programar su habitual y ecléctico especial dedicándolo a «la nueva generación de músicos que se acercan a la tradición desde la vanguardia», en nuestras españas. Evidenciando lo rentable, a nivel cualitativo, que puede resultar apostar por las periferias, la variedad de estilos quedó reflejada desde el primer día. La joven cartagenera Yarea, inauguró las nueve jornadas dedicadas a la música estrenando la Terraza del Real Club de Regatas, un nuevo pequeño escenario al aire libre en la cada vez más bonita Cartagena. Ciudad que continúa sorprendiendo al visitante con las posibilidades que ofrece. Como en tantos imponentes enclaves históricos que parecen un poco olvidados, sin duda el turismo cultural es una buena oportunidad para conocerlos mejor.

La Mar de Músicas 2021


DOS. La unión hace fuerza
La primera apuesta en el rebautizado escenario principal, ahora Auditorio Paco Martín, tenía a priori todas las de ganar. El proyecto Fuerza Nueva aúna el culto que atesora la granadina banda Los Planetas con la personalidad del Niño de Elche. Ambos nombres tienen en común despertar pasiones y odios a partes iguales y parecen seguir la luz del faro que hace un cuarto de siglo prendió Omega (El Europeo, 1996), encontrando un nexo musical con el actual contexto. Meten el dedo en la llaga de la exaltación y fervor nacional, apoyándose en el discurso conceptual de Pedro G. Romero, la iconografía del fiel diseñador Javier Aramburu y las impactantes visuales montadas por Andrés Duque. Sobrados, sin gastar palabra alguna. Efectivos, sin dar concesiones a las respectivas producciones individuales. Francisco Contreras Molina cómodo en su rol de ex flamenco, Jota conforme con hacer de El novio de la muerte, Florent más chulo que un ocho en su sitio, Eric llegando a tocar la batería encapuchado de blanco es un buen epílogo.

La Mar de Músicas 2021


TRES. Navegando entre el público
Algo diametralmente contrario al concierto de clausura con Fuel Fandango, excepto porque el dúo resultó ser una buena elección para celebrar la primera edición bajo el nuevo régimen de medidas por contingencia. Distendidos gracias a las accesibles programaciones que maneja con conocimiento el productor lanzaroteño, Alejandro Acosta –el único, junto al gallego Baiuca el primer viernes, que se permitió un breve DJ set. Apreciablemente emocionados, comunicativos y cercanos, tanto como para que la cordobesa Nita se permitiera cantar (sin mascarilla) entre un público que celebraba la anarquía que hoy en día supone ponerse en pie durante un simple acto. Divina siempre ella, al igual que el asturiano Rodrigo Cuevas y su espectáculo tan total de variedades, que análogamente comenzó recitando (enmascarillado) entre las butacas del aún denominado Patio de Cuartel de Instrucción de Marinería –el segundo de los escenarios por aforo viene a denotar el raigambre militar que aún conserva la ciudad. Valga en este punto recomendar el dúo pedagógico instrumental burgalés-vallisoletano Fetén Fetén, que igualmente apareció y desapareció tocando sus autofabricados ingeniosos instrumentos abriendo la jornada anterior.

La Mar de Músicas 2021


CUATRO. Autosuficientes
A solas, ante el atento público de La Mar de Músicas, tuvieron la valentía de mostrarse tres artistas. El primero llegó en coche durante el caluroso ecuador del festival, con su marido alemán y su perrito, luciendo informal aspecto marinero pero tan seguro y avalado por su voz y canciones que cualquiera le pone pega cuando se sienta al piano. Su nombre Rufus Wainwright, sus fans son cada vez más. De la entrevista en exclusiva que concedió el estadounidense, él mismo extrajo algunas de sus anécdotas para contar durante la noche y hacerla aún más amena que verlo ir de su instrumento natural a la guitarra y viceversa. A Silvia Pérez Cruz parece sobrarle recursos, tanto cantando como hablando domina las palabra y con ellas embauca, lo cual disimula sus limitaciones como instrumentista –en la versión más austera de las tres que dijo idear durante el confinamiento– para presentar su disco de rarezas Farsa (género imposible). En los extremadamente húmedos bises quiso compartir la ilusión de cantar junto a la mexicana Silvana Estrada, que justamente antes había estado actuando. Y si fue simpática su complicidad casi infantil, mágico fue hacerlo mientras de fondo el público veía pasar una bola de fuego, inmediatamente antes de que ambas le cantaran a la preciosa luna llena que durante los últimos días suele tender su influjo sobre la ciudad portuaria. El segundo y último sábado lo abrió en su euskera natal Verde Prato, tan austera como atrayente, convincente pese a resultar el más breve de los bolos.

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CINCO. Premiados y curiosamente debutantes
El maestro Jorge Drexler, por baja Covid a última hora de su pianista tuvo que adaptar su repertorio al formato cantautor de guitarra en mano más la percusión, precisa, de Borja Barrueta. En su primera actuación en la historia del festival, recibió merecidamente el IX premio La Mar de Músicas gracias a su notable trayectoria. Precisamente, por similar motivo, Rocío Márquez tuvo que defender únicamente junto al tocaor Canito las canciones aflamencadas de su Visto en El Jueves. Entre la onubense y el uruguayo también se produjo el (previsible) encuentro rememorando al mini gira conjunta Aquellos Puentes Sutiles. Por citar a consagrados debutantes en La Mar de Músicas, el genial Kiko Veneno se estrenó en festival ofreciendo el bolo más largo de la presente edición. Éxitos no le faltan al sevillano de adopción, ni ganas de progresar como viene demostrando con La Banda del Retumbe y sus dos grandes discos publicados durante estos respectivos últimos años. Y por concluir con el apartado de premios, la joven cordobesa María José Llergo, con la naturalidad que le caracteriza y reiterativamente agradecida, recibió el primero entregado por la Asociación cultural Paco Martín a la Artista revelación de las músicas globales.

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SEIS. Espectáculo único y/o exclusivo
Entre quienes de la misma manera se acompañaron por un único músico, cabe destacar la presencia en la Terraza de la Muralla de El Batel de la autora, intérprete y modelo francesa Yseult. Por vez primera en nuestro país, la ganadora del premio como «Revelación femenina» en los últimos Victoires de la Musique franceses se deshizo en cercanía ante la oleada de aplausos que recibió por su íntima presentación, junto al pianista Nino Vella. Pero sin duda, uno de los conciertos por parejas más destacables fue el proyecto en continuo progreso, denominado Ecstasis, al alimón entre Raül Refree y Niño de Elche. Ante un público polarizado que no dudó entre abandonar el recinto o aguantar la aparente improvisación y poder a la postre deshacerse en elogios. Ambos, sin mediar palabra, hicieron lo que están acostumbrados, arriesgar y dar que hablar. El argumento elegido para esta ocasión es la mística religiosa española.

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SIETE. Renovación generacional
Si bien la renovación del público habitual se irá produciendo a través de artistas como Sen Senra, el gallego con más soul, la polifacética y convincente Queralt Lahoz desde Barcelona o su paisana, la viralizada Rigoberta Bandini. La música en su amplio abanico es un buen medio para aunar gustos y la opción de los escasos abonos permite conseguir un audiencia intergeneracional. En cambio, cuando la entrada es única se suele observar cómo cambian los ambientes según el rango de edad en cada show. Siendo el público quien se pierde la ocasión de descubrir las verdaderas raíces o simplemente poder comparar el formato en propuestas de finalidad más similar a lo meramente aparente.

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OCHO. Herencia
Véase la maravillosa voz de la septuagenaria palmesana María del Mar Bonet que amablemente tradujo todas las preciosas letras del repertorio en su legua materna, centrado en su último disco en directo junto al guitarrista Borja Penalba, antes de cantarlas como muy pocas intérpretes son capaces de emocionar. Aún avalándole el prestigio y el resultado, la destacada miembro de Els Setze Jutges y embajadora absoluta del Mediterráneo no consiguió llenar. Versus la pareja artística Maria Arnal i Marcel Bagés que podría llegar a ser bandera del concepto elegido en 2021 por La Mar de Músicas. Apoyada ella por las cautivadoras voces a capela del dúo femenino Tarta Relena, quien ese mismo mediodía actuó, y él, junto a sus aparatos, por un tipo a modo replicante.

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NUEVE. Normativa
Es evidente que se puede hacer cultura segura si la gente es respetuosa con los demás. Si bien es de agradecer el esfuerzo al grupo de voluntarios que ofrecen las pertinentes aunque castrantes indicaciones , a los mochileros o la siempre sonriente chica del carrito que sudan por acercar una cerveza al sediento, la empatía de la mayoría de profesionales de seguridad con quien se olvida de la quinta ola y, en general, el comportamiento cívico del público asistente. Sin embargo, sobresalta el continuo pulso entre quienes recuerdan las normas y quienes las desobedecen. Fue una pena comprensible el que no se celebraran los habituales encuentros multitudinarios en las calles y plazas y deseable será que no desaparezcan tales espectáculos de acceso gratuito en un futuro.

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DIEZ. Aciertos
La organización decidió este año adelantar, por vez primera, la mayoría de actividades paralelas al grueso musical, asemejándose a las acciones de La Mar de Arte. Tanto La Mar de Letras, como La Mar de Cine se llevaron a cabo días previos. Dando la oportunidad de asistir a casi toda la programación, para lo que se recomienda alojarse en la propia Cartagena. Resultando un éxito de público, pues permite no tener que elegir entre la música y las ofertas complementarias. Siguiendo esta línea, sería fenomenal poder encontrar la difícil fórmula que diera tiempo a relacionarse, o incluso avituallarse en cualquier terraza, para aquellos insaciables dispuestos a abarcar el ritmo marcado por los horarios sucesivos. El público volvió a experimentar el efecto evasivo de la música, olvidándose por momentos de lo que nos ha venido sucediendo y lamentablemente aún acontece tras las zonas controladas. Incluso ha aprendido a contenerse las ganas de bailar, en contraste a aquellos que libremente se acercan a simplemente escuchar de fondo, desde fuera, pudiendo comer, beber y moverse libremente, sin tener que estar sometido a las normativas y despertando cierta envidia, recíproca.

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